DOMINGO 6 DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A

 

PROYECTO DE AMOR

 

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1. El libro del Eclesiástico, en los versículos anteriores a la perícopa de hoy, niega que el pecado venga de Dios, "porque él no hace lo que odia".

 

         2. Resalta la confianza que Dios ha depositado en el hombre, otorgándole la facultad de la libertad. El puede decidir su destino y realizarse; porque es señor de sí mismo. Por esa libertad de que goza, que es una de las más hermosas creaciones de la divina sabiduría, y la más estimada por el hombre, tiene opción de elegir el fuego que quema, o el agua que refrigera. Puede escoger la muerte o la vida Eclesiástico 15, 15. En resumen, el hombre puede elegir: entre cumplir los mandamientos, o quebrantarlos. Será merecedor de castigo y desgracia, o de premio y felicidad. Dios lo ve todo. Nada se le escapa, "ni un sólo alzar de ojos para mirarle", dice Santa Teresa.

 

         3. Y en la adhesión del hombre a la voluntad de Dios, consiste su felicidad. Por eso el salmista canta: "Dichoso el que con vida intachable camina en la voluntad del Señor. Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes, y lo seguiré puntualmente; enséñame a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón" Salmo 118.

 

         4. Dios promulgó en el Sinaí su voluntad a Israel. Allí mostró al pueblo, en razón de su camino incipiente de principiantes, el boceto de su divino querer. Era como el bulbo de una azucena, que para convertirse en una flor, necesita desarrollo y madurez. Según Teofilacto, Jesús actuaría como un pintor que, aplicando los colores sobre un boceto hecho al carbón, no sólo no lo destruye, sino que lo completa, lo perfecciona, lo embellece, y le da mayor realismo.

 

         5. Por eso dice Fillion, que Jesús rejuveneció la Ley Antigua, que, aparte de ser camino de principiantes, había sido deformada por un rabinismo leguleyo, y había degenerado en un formalismo rudimentario, que se limitaba a exigir actos externos. Jesús nos ha enseñado el proyecto de Dios para el hombre, que  promulgado ya en el Sinaí, necesitaba desarrollo, progreso y madurez. Necesitaba amor: "No he venido a abolir la ley, sino a perfeccionarla" Mateo 5, 17. No la ley de mínimos sino la ley del Amor. Lo que era semilla, lo desarrolló y se convirtió en árbol: lo que era flor, lo transformó en fruto. Jesús dirigió su mirada, más que a los actos, al corazón en sentido bíblico, que es todo el ser interior del hombre, porque "del corazón salen las malas ideas: los homicidios, adulterios, inmoralidades, robos, testimonios falsos, calumnias" (Mt 15,19).

 

         6. Y así, comenzando por el quinto mandamiento: ¿No matarás? Más: el que esté peleado con su hermano está en la misma línea del no matarás. Igualmente están en la misma línea el insulto grave, la ira, el ultraje y la cólera contra un hermano. Y es más importante para Jesús la reconciliación y el perdón que la ofrenda: "Si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra tí, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete a reconciliarte con tu hermano".

 

         7. Y el adulterio a los ojos de Dios no es sólo la acción, sino el pensamiento. Y hay que quitar la ocasión, aunque cueste tanto como cortarse la mano, o arrancarse un ojo. Tanta obligación tiene de quitar la ocasión el que mira codiciosamente a una mujer, como la mujer que se hace mirar, porque: "Sus miradas te enloquecerán y te arruinarás con tu casa. Cierra tus ojos ante la mujer hermosa y no te fijes en belleza que no es tuya" (Si 9,7). El discípulo de Cristo, debe llevar una atención a su presencia, que le induzca a mortificar la segunda mirada.    

 

 

 

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8. La caridad con los hermanos nos conseguirá la luz y la fuerza necesaria para cumplir los mandatos del Señor. Que muchas veces sólo se pueden cumplir cuando desde dentro sabemos cuán dichosos son los que caminan en su voluntad. Y cuando tenemos experiencia probada de que "Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman" (1 Corintios 2,9). Lo que enseña la Sabiduría de Dios.

 

         9. "Te doy gracias, Padre, porque has revelado los misterios del reino a la gente sencilla" (Mt 11,25). Te damos gracias, Jesús, porque en el sermón de la montaña nos has enseñado los caminos de la dicha verdadera; has marcado un ideal luminoso a tus discípulos, para que sean sal, luz y ciudad hermosa; has revalorizado los preceptos quinto, sexto y segundo del decálogo; y has condenado el divorcio, plaga hoy de la sociedad. Tú hoy nos curas, nos robusteces y nos alegras, con tu palabra y con tu sacramento de vida.